Hay ciudades que no necesitan presentación. Y luego está Palencia. Esa ciudad que cuando la mencionas fuera de Castilla y León, la mitad de la gente confunde con Palma, con Valencia, o directamente te mira con una sonrisa educada que significa "no tengo ni idea de dónde está eso". Y tú, en vez de molestarte, simplemente sonríes. Porque llevas toda la vida explicando de dónde eres, y ya te ha dado igual.

Eso, precisamente eso, es lo primero que solo entiende quien es de Palencia.

El Cristo del Otero es tuyo, aunque no seas creyente

Da igual tu relación con la religión. El Cristo del Otero no es una imagen religiosa para el palentino es una brújula. Es lo primero que buscas con los ojos cuando llegas a la ciudad después de tiempo fuera. Es el punto de referencia que usas para orientarte. "Está por la parte del Cristo" es una indicación perfectamente válida y todo el mundo sabe exactamente dónde es. El día que no lo veas desde donde siempre lo has visto, algo dentro de ti se descoloca.

Sabes perfectamente que la catedral es la más bonita de España, pero no se lo dices a nadie

La llaman la Bella Desconocida y tú lo has interiorizado tan bien que casi prefieres que siga siendo desconocida. Hay algo en el palentino que no necesita validación exterior. Sabe lo que tiene. El problema es que esa discreción colectiva ha conseguido que durante décadas el resto de España no se enterase de que existe una de las catedrales góticas más impresionantes de la península a dos horas de Madrid.

El Canal de Castilla es tu parque, tu gimnasio y tu terapeuta

No hace falta que haya una razón concreta para ir al canal. Se va. Se camina, se corre, se va en bici, se va a pensar, se va a no pensar. En verano, en invierno, con lluvia y con sol. El canal es ese lugar al que los palentinos acuden casi por instinto cuando algo va mal o cuando algo va muy bien. Si has tenido una conversación importante en tu vida, es probable que fuera andando por el canal.

Conoces a alguien que conoce a alguien que conoce a todo el mundo

Palencia tiene ese tamaño exacto en el que la ciudad es suficientemente pequeña para que en dos pasos conozcas a cualquiera, pero suficientemente grande para que no te resulte agobiante. Dices un nombre en cualquier conversación y alguien del grupo dice "¿ese no es el hijo de...?" Y sí. Siempre es el hijo de alguien que alguien conoce. La privacidad en Palencia es un concepto teórico.

Las fiestas de San Antolín son el centro del universo durante una semana

No importa dónde estés viviendo. No importa lo lejos que hayas acabado. La primera semana de septiembre existe un imán invisible que tira de todos los palentinos hacia casa. San Antolín no son solo fiestas, son el reencuentro anual de una ciudad entera. Los que se fueron vuelven, los que se quedaron esperan, y durante unos días la ciudad recupera una energía que el resto del año tiene guardada en algún sitio.

Entiendes el orgullo tranquilo

El palentino no presume. No necesita hacerlo. No va diciendo por ahí que vive en la ciudad con más zonas verdes por habitante de España, ni que tiene el mayor conjunto de arte románico de Europa a media hora, ni que la primera universidad de España nació aquí. Lo sabe. Le basta con saberlo. Hay una forma de querer un sitio que no necesita aplausos, y esa forma es muy palentina.

Sabes lo que es el frío de verdad

No ese frío de ciudad costera que baja de diez grados y la gente se pone tres capas y publica stories. El frío de Palencia es otro asunto. Es el viento que cruza la llanura sin encontrar nada que lo frene durante cientos de kilómetros y te llega directamente a los huesos en enero. Es el tipo de frío que forma carácter. El palentino no se queja del frío, lo da por descontado, como quien acepta una condición de vida que simplemente forma parte del trato.

Y aun así, o precisamente por todo eso, Palencia es tuya de una manera que ningún otro sitio puede serlo

Hay ciudades que impresionan. Hay ciudades que deslumbran. Y hay ciudades que te pertenecen, que llevas dentro aunque lleves años sin vivir en ellas, que reconoces por el olor y por la luz de una tarde de octubre y por el sonido del viento sobre el Carrión.

Palencia no es la ciudad más famosa. No es la más grande. Pero para quien es de allí, es exactamente suficiente. Y eso, que algo sea exactamente suficiente, no es poco. Es bastante raro, de hecho.

¿Cuál es ese momento, ese lugar o esa pequeña cosa de Palencia que te hace sentir que estás en casa como en ningún otro sitio? Cuéntanoslo, queremos leerlo.

Nos leemos el viernes.

- Palencia Informa

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