Hay pueblos que te enamoran por lo que se ve. Las iglesias, las plazas, las calles de piedra, los horizontes infinitos del Cerrato palentino. Y luego está Astudillo que además de todo eso, te enamora por lo que no se ve.

Porque bajo sus calles, a pocos metros de profundidad, existe una red de pasadizos subterráneos de casi dos kilómetros de longitud que recorre gran parte del pueblo. Una ciudad paralela, silenciosa y oscura que ha estado ahí durante siglos, esperando que alguien baje a conocerla.

Ese alguien puedes ser tú.

Un pueblo que ya era especial antes de saber esto

Astudillo no necesitaba más motivos para visitar. Declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1995, este municipio del Cerrato palentino es uno de esos lugares que sorprenden nada más doblar la primera esquina. Calles medievales que parecen detenidas en el tiempo, casonas de piedra con escudos nobiliarios, restos de antigua muralla, y un convento fundado por doña Juana de Castro reina de Castilla en uno de los episodios más apasionantes del siglo XIV.

Es el tipo de pueblo que los viajeros que lo descubren no entienden cómo no conocían antes.

Y ahora tiene pasadizos subterráneos.

Dos kilómetros bajo tierra

No estamos hablando de una pequeña galería bajo una iglesia, ni de un sótano entre dos edificios. La red de pasadizos de Astudillo se extiende durante casi dos kilómetros bajo el pueblo lo que implica escala, planificación, y un propósito lo suficientemente importante como para justificar semejante obra.

¿Para qué servían? Ahí está la magia. Los pasadizos medievales en la Península Ibérica tenían usos muy distintos: rutas de escape en tiempos de asedio, bodegas naturales para conservar alimentos y vino, corredores religiosos entre conventos e iglesias, o vías de comunicación entre edificios nobles. En Astudillo, con toda su historia a cuestas, podrían haber sido cualquiera de estas cosas. O todas a la vez.

Esa pregunta abierta es, precisamente, lo que hace irresistible bajar a verlos.

La experiencia de caminar por la historia

Hay una diferencia entre leer sobre historia y estar dentro de ella. Los pasadizos de Astudillo ofrecen exactamente eso segundo la sensación física de estar en un espacio que existía cuando el mundo era completamente distinto. El olor a tierra y a piedra húmeda. La oscuridad que obliga a agudizar los sentidos. El silencio que solo interrumpe el eco de tus propios pasos.

Es el tipo de experiencia que no se olvida, y que difícilmente se encuentra en un museo.

Astudillo, más cerca de lo que crees

Situado al sureste de la capital palentina, Astudillo es una escapada perfecta para un día o un fin de semana. A menos de una hora de Palencia y bien conectado por carretera, el municipio ofrece todo lo necesario para una visita con calma: patrimonio histórico, gastronomía del Cerrato, y ahora un motivo bajo tierra que añade una capa completamente nueva a la experiencia.

La combinación es difícil de superar: calles medievales arriba, pasadizos secretos abajo, y el paisaje infinito del Cerrato alrededor.

El momento de ir es ahora

Este tipo de patrimonio subterráneo es frágil y escaso. Pocas localidades en la provincia y en toda Castilla y León pueden ofrecer algo así. El Ayuntamiento de Astudillo está trabajando para dar a conocer esta red de pasadizos y ponerla en valor, lo que significa que estamos en ese momento especial en el que un secreto histórico empieza a abrirse al mundo.

Ir ahora, antes de que todo el mundo lo sepa, tiene algo de privilegio.

Nos leemos el miercoles.

- Palencia informa

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